Mediante experiencias de evangelización, acompañamiento y formación que ayuden a cada persona a sanar su historia, descubrir su identidad y aprender a amar con el Corazón de Cristo.
Somos una comunidad católica al servicio de la Iglesia que busca que cada persona pueda encontrarse con Dios, descubrir su identidad y experimentar un Amor que sana, transforma y da un nuevo sentido a la vida.
A través de experiencias de evangelización, acompañamiento y formación, abrimos espacios donde las personas pueden sentirse acogidas, escuchadas y acompañadas en su camino de fe.
En AMAD creemos que la fe no es solamente conocer a Dios, sino encontrarse con Él y dejar que su Amor transforme nuestra historia.
Mediante experiencias de evangelización, acompañamiento y formación que ayuden a cada persona a sanar su historia, descubrir su identidad y aprender a amar con el Corazón de Cristo.
Hacer presente el Amor Misericordioso de Dios para que cada vez más personas vivan transformadas por Él y sean testigos de su Misericordia en el mundo.
Todo comienza con una experiencia personal de Dios.
Propiciamos espacios para que cada persona pueda abrir el corazón y dejarse encontrar, mirar y amar por Dios Amor Misericordioso.
Una familia que acoge a todos y hace sentir en casa.
Somos una familia que acoge con cercanía, respeto y calidez. Hacemos visible la casa del Padre, donde cada persona puede sentirse esperada, recibida y amada.
El Amor de Dios toca la historia, restaura la identidad y enseña a amar.
Acompañamos procesos humanos y espirituales para que cada persona pueda abrir su historia a la acción sanadora de Dios, crecer en la fe y aprender a vivir desde el amor.
Quien recibe Misericordia está llamado a compartirla.
La Misericordia recibida nos conduce al servicio, al testimonio y a la misión. Formamos apóstoles capaces de hacer presente el Amor de Dios en su vocación, en la Iglesia y en el mundo.
Ser apóstol de la Misericordia significa permitir que el Amor de Dios transforme primero nuestra propia vida para después llevar ese Amor a los demás.
En la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la Iglesia y en cada lugar donde estamos, estamos llamados a hacer presente un Amor que acoge, sana, restaura y da esperanza.
AMAD existe para propiciar ese encuentro: un encuentro que sana, transforma y envía.