Apóstoles de la Misericordia y el Amor de Dios

Apóstoles de la Misericordia y el Amor de Dios.

¿Quiénes somos?

Una comunidad que nace del encuentro.

Somos una comunidad católica al servicio de la Iglesia que busca que cada persona pueda encontrarse con Dios, descubrir su identidad y experimentar un Amor que sana, transforma y da un nuevo sentido a la vida.

A través de experiencias de evangelización, acompañamiento y formación, abrimos espacios donde las personas pueden sentirse acogidas, escuchadas y acompañadas en su camino de fe.

Nuestra esencia

Todo comienza con un encuentro.

En AMAD creemos que la fe no es solamente conocer a Dios, sino encontrarse con Él y dejar que su Amor transforme nuestra historia.

Porque el encuentro transforma la vida. Y una vida transformada puede transformar otras vidas.

Misión, visión y propósito

Misión

Propiciar el encuentro personal con Dios Amor Misericordioso.

Mediante experiencias de evangelización, acompañamiento y formación que ayuden a cada persona a sanar su historia, descubrir su identidad y aprender a amar con el Corazón de Cristo.

Visión

Una comunidad apostólica al servicio de la Iglesia.

Hacer presente el Amor Misericordioso de Dios para que cada vez más personas vivan transformadas por Él y sean testigos de su Misericordia en el mundo.

Propósito

Que cada persona se encuentre con el Amor Misericordioso de Dios.

Pilares de identidad

Nuestra manera de vivir la misión.

01

Encuentro

Todo comienza con una experiencia personal de Dios.

Propiciamos espacios para que cada persona pueda abrir el corazón y dejarse encontrar, mirar y amar por Dios Amor Misericordioso.

02

Hospitalidad

Una familia que acoge a todos y hace sentir en casa.

Somos una familia que acoge con cercanía, respeto y calidez. Hacemos visible la casa del Padre, donde cada persona puede sentirse esperada, recibida y amada.

03

Sanación y formación del corazón

El Amor de Dios toca la historia, restaura la identidad y enseña a amar.

Acompañamos procesos humanos y espirituales para que cada persona pueda abrir su historia a la acción sanadora de Dios, crecer en la fe y aprender a vivir desde el amor.

04

Envío apostólico

Quien recibe Misericordia está llamado a compartirla.

La Misericordia recibida nos conduce al servicio, al testimonio y a la misión. Formamos apóstoles capaces de hacer presente el Amor de Dios en su vocación, en la Iglesia y en el mundo.

Nuestro llamado

Estamos llamados a ser apóstoles de la Misericordia.

Ser apóstol de la Misericordia significa permitir que el Amor de Dios transforme primero nuestra propia vida para después llevar ese Amor a los demás.

En la familia, en la comunidad, en el trabajo, en la Iglesia y en cada lugar donde estamos, estamos llamados a hacer presente un Amor que acoge, sana, restaura y da esperanza.

Un paso puede abrir un camino

El Amor que recibes también puede llegar a otros.

AMAD existe para propiciar ese encuentro: un encuentro que sana, transforma y envía.